Barcelona: 26 de Septiembre de 2018 a las 19,30h: Charla Presentación “Teatro Terapia en Acción” (gratuita)

teatroterapiaenaccion

El 4 de Octubre iniciamos nuestros próximo curso de TEATRO TERAPIA EN ACCIÓN”. Con el fin de poder conocernos y presentarte nuestra actividad de forma mas directa y personal, con tiempo y abiertos a tus preguntas, queremos invitarte a esta charla gratuita de presentación:

El teatro es una herramienta primordial de transformación en nuestro camino del nacimiento al adulto y que mantenemos, de una forma u otra, hasta que se cierra el telón final de nuestro espectáculo personal. ¿Dónde, cómo y cuando actúas tú? ¿Consciente o inconsciente?

El juego teatral con sus diferentes roles nos permite conectar con nuestros condicionamientos, miedos y conflictos internos a la vez de con nuestro instinto, humor, esencia y energía vital. Al poner nuestro SER en escena bajo un enfoque terapéutico, éste se va transformando a través del encuentro entre el actor y su personaje… al despedirse ninguno de los dos quedará indiferente…

Imparte: Antonio Campaña Actor. Profesor de Teatro. Terapeuta Gestáltico. Iniciador de Teatro Terapia en Acción. Formado en Interpretación y Dirección de Teatro en Alemania, Argentina y España. Psicodrama. Psicoterapia Transpersonal e Integrativa con el Dr. Claudio Naranjo (programa SAT). Docente en Workshops de Teatro Corporal, Pantomima Moderna, Máscara, Teatro Dramático y Teatro Terapia.

Lugar: Espai de Gestalt / Secretari Coloma 16 (Gracia) / Metro: Joanic, linea amarilla.
Contacto: 616 37 87 97 / Email: teatrogesterapi@yahoo.es;
(se agradece la previa confirmación en teatrogesterapi@yahoo.es, SMS o llamada al 616378797, no es imprescindible para asistir – gracias!)

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Barcelona: 19 de Septiembre de 2018 a las 19:30h: Charla Presentación “Teatro Terapeutico e Iniciación a la Interpretación Teatral” (gratuita)

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El 3 de Octubre iniciamos nuestros próximo cursos de TEATRO TERAPÉUTICO e INICIACIÓN A LA INTERPRETACIÓN TEATRAL. Con el fin de poder conocernos y presentarte nuestra actividad de forma mas directa y personal, con tiempo y abiertos a tus preguntas, queremos invitarte a esta charla gratuita de presentación:

Actor y Personaje, Iniciación a la Interpretación

El teatro es una herramienta primordial de transformación en nuestro camino del nacimiento al adulto y que mantenemos, de una forma u otra, hasta que se cierra el telón final de nuestro espectáculo personal. ¿Dónde, cómo y cuando actúas tú? ¿Consciente o inconsciente?

El juego teatral con sus diferentes roles (en ambos casos), nos permite conectar con nuestros condicionamientos, miedos y conflictos internos a la vez de con nuestro instinto, humor, esencia y energía vital. Al poner nuestro SER en escena bajo un enfoque terapéutico, éste se va transformando a través del encuentro entre el actor y su personaje… al despedirse ninguno de los dos quedará indiferente…

Imparte: Antonio Campaña Actor. Profesor de Teatro. Terapeuta Gestáltico. Iniciador de Teatro Terapia en Acción. Formado en Interpretación y Dirección de Teatro en Alemania, Argentina y España. Psicodrama. Psicoterapia Transpersonal e Integrativa con el Dr. Claudio Naranjo (programa SAT). Docente en Workshops de Teatro Corporal, Pantomima Moderna, Máscara, Teatro Dramático y Teatro Terapia.

Lugar: Espai de Gestalt / Secretari Coloma 16 (Gracia) / Metro: Joanic, linea amarilla.
Contacto: 616 37 87 97 / Email: teatrogesterapi@yahoo.es;
Para más Información visita nuestra web: http://www.teatroterapia.es/
(se agradece la previa confirmación en teatrogesterapi@yahoo.es, SMS o llamada al 616378797, no es imprescindible para asistir – gracias!)

Cualquier duda, Contacta con nosotros.

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El eslabón más débil

EL PAÍS – Marcos Ordóñez – 21 FEB 2013

Como era previsible, el tejido teatral se está rompiendo por el eslabón más débil: cada vez me encuentro a más actores sin trabajo. Se está poniendo muy difícil hacer teatro y vivir de ello. Los cómicos van al paro porque cada vez se montan menos obras, y se montan menos obras porque va menos gente al teatro, y van menos al teatro porque las entradas han subido, y porque el circuito de giras y bolos ha saltado por los aires, y porque los teatros oficiales han visto drásticamente recortados sus presupuestos, y, madre del cordero, porque los señores que nos gobiernan decidieron subir el IVA del 8% al 21% con la peregrina idea de recaudar más, consiguiendo, pescadilla (o pesadilla) mordiéndose la cola, que vaya menos gente al teatro. Nuestro gobierno, claro está, dice que no hay remedio. No es cierto: es una cuestión de voluntad, de interés por la cultura. El gobierno francés, que había aumentado el IVA para libros y espectáculos en vivo al 7% en abril de 2012, lo ha bajado al 5,5% desde el pasado enero. O sea, que se puede.

Hará unas semanas, en estas páginas, el empresario teatral Carlos Rottenberg decía que el semillero de la escena argentina (tercera potencia mundial después de Londres y Nueva York) está en las salas independientes. Pregunto cómo está ese sector por aquí. División de opiniones: unos se echan a reír, otros se echan a llorar. Un grupo “independiente” (aquí se ríen) o “alternativo” (aquí lloran) depende de a) unas subvenciones cada vez más escasas, que además, b) se cobran cuando se cobran, o, c) de la magra taquilla. Sucede, me dicen, que antes el público podía permitirse un cierto riesgo (esto es, ir a ver a grupos poco conocidos), pero que ahora, con las entradas mucho más caras, solo tiende a pagar, cosa lógica, por espectáculos muy garantizados. Cuesta muchísimo, en sentido literal, armar una producción, cuesta darla a conocer (la publicidad es escuálida) y cuesta amortizarla: menos días de exhibición, y las giras y bolos (véase más arriba) reducidas a la mínima expresión, porque la mayoría de los Ayuntamientos no puede o no quiere pagar, o, de nuevo, solo lo hace ante ofertas teatrales de éxito seguro.

Cada día trae una mala noticia. De entre las muchas que afectan al sector, una de las peores es el cierre (“por deficitaria”) de la sala Tallers del Teatro Nacional de Cataluña. Me dicen que por dos años y yo pongo cara de creérmelo. Con esa clausura se cargan de un plumazo el T6, una experiencia única en España, por la que los jóvenes autores podían estrenar y dirigir sus propias obras con una compañía estable que variaba cada temporada. Del T6 salió, cabe recordarlo, El método Gronholm, uno de los grandes éxitos del teatro español reciente. Me cuentan también que en Madrid, la heroica sala Kubik, abierta por Sánchez Cabezudo en el barrio obrero de Usera, sin apenas oferta cultural, está abocada al cierre por el Ayuntamiento, que ya paralizó su actividad y ahora los brea a ordenanzas: claro, no es un casino.

Comienzan estrategias de supervivencia, muy a la argentina usanza. Ya les hablé de la sala Flyhard, donde se puede optar por precios realmente alternativos, y que ha conseguido fidelizar a un público joven y entusiasta. En la Beckett se ha inaugurado lo que llaman “taquilla inversa”: a instancias de la productora Sixto Paz, el público de Si existe, aún no lo he encontrado, de Nick Payne, dirigido por Marilia Samper, pagaba a la salida, según su valoración del espectáculo. Espectáculo, por cierto, sin escenografía, por falta de presupuesto. Me dicen que consiguieron llenos diarios y un precio medio de alrededor de 14 euros. Todo esto está muy bien pero lo entiendo como soluciones temporales, porque el entusiasmo y la precariedad acaban teniendo un límite. Me cuentan que Lluís Pasqual quiere formar una compañía joven “porque hay mucho talento que no puede perderse”, porque ya hay muchos actores jóvenes (y no tan jóvenes) que están dedicándose a otras cosas para llegar a fin de mes. Si consigue sacar adelante esa compañía será una buenísima noticia. Y otra similar será si cuaja otro estupendo proyecto: tres de los más pujantes directores jóvenes españoles se han unido para conseguir un local en el que dirigir, programar y producir. Seguiremos informando.

http://cultura.elpais.com/cultura/2013/02/20/actualidad/1361386133_363541.html

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Prisioneros de la seguridad

BORJA VILASECA 10/04/2011 (EL PAÍS.COM; El País semanal)

No se nos da bien convivir con la incertidumbre. Por eso tratamos de llevar una vida planificada y, en principio, carente de riesgo y segura. Es hora de entrenar los músculos de la confianza y el coraje.

Cuando vivimos influenciados por el modelo de pensamiento actual, la mayoría de seres humanos solemos compartir una misma aspiración: tener el control absoluto sobre nuestra existencia. En general, queremos que las cosas sean como deseamos y esperamos. Y al pretender que la realidad se adapte constantemente a nuestras necesidades y expectativas, solemos inquietarnos y frustrarnos cada vez que surgen imprevistos, contratiempos y adversidades.

«Si la seguridad externa es una ilusión,
nos estamos aferrando
a una vida esclavizante a cambio
de una falsa estabilidad «

«El reto es confiar en nuestra capacidad
de dar respuestas a
las diferentes situaciones
que vayan surgiendo por el camino «

De ahí que nos guste crear y preservar nuestra propia rutina, intentando, en la medida de lo posible, no salirnos del guión preestablecido. Estudiamos una carrera universitaria que nos garantice «salidas profesionales». Trabajamos para una empresa que nos haga un «contrato indefinido». Nos esposamos a una persona a través del «matrimonio».

Solicitamos una «hipoteca» al banco para comprar y tener un piso en «propiedad». Y más tarde, un «plan de pensiones» para no tener que preocuparnos cuando llegue el día de nuestra «jubilación». En definitiva, solemos seguir al pie de la letra todo lo que nos dice el sistema que hagamos para llevar una vida normal. Es decir, completamente planificada y, en principio, carente de riesgo y segura.

Así, con cada decisión que tomamos anhelamos tener la certeza de que se trata de la elección correcta, previniéndonos de cometer fallos y errores.

Sin embargo, este tipo de comportamiento pone de manifiesto que, en general, nos sentimos profundamente indefensos e inseguros. Y esto, a su vez, revela que no sabemos convivir con la incertidumbre que es inherente a nuestra existencia. Paradójicamente, si bien tratar de tener el control nos genera tensión, soltarlo nos produce todavía más ansiedad. De ahí que muchos estemos atrapados en esta disyuntiva que llega a ser desagradable.

LA SEGURIDAD ES UNA ILUSIÓN

«El cielo es azul,
el mar es salado y
la vida es incierta»
(Amado Nervo)

Cuanto más inseguros nos sentimos por dentro, más tiempo, dinero y energía invertimos en asegurar nuestras circunstancias externas, incluyendo, en primer lugar, nuestra propia supervivencia física. No en vano, la mayoría de nosotros siente un profundo temor a la muerte. Nos incomoda tanto saber que tarde o temprano vamos a morir que se ha convertido en un tema tabú para la sociedad. Aunque cada día fallezcan decenas de miles de personas en todo el mundo, simplemente negamos la posibilidad de que nos toque el turno, tanto a nosotros como a alguno de nuestros seres más cercanos y queridos.
Es interesante señalar que en muchas ocasiones experimentamos miedo sin ser amenazados por ningún peligro real e inminente. A esta actitud se la denomina «pre-ocupación». Eso sí, para justificar y mantener nuestro temor solemos inventarnos dichos escenarios conflictivos por medio de nuestro constante pesimismo. De esta manera, la inseguridad se ha convertido en uno de los cimientos psicológicos sobre los que hemos construido la sociedad contemporánea. De ahí que la «seguridad nacional» sea uno de los conceptos más utilizados por los dirigentes políticos. Estamos siendo testigos de cómo en el nombre de la seguridad se están recortando y reduciendo nuestros derechos y libertades. Y por más rimbombantes que sean las explicaciones oficiales, la ecuación es bien simple: cuanta más seguridad, más esclavitud.

El quid de la cuestión es que dado que la seguridad externa es una ilusión psicológica, nos estamos aferrando a un estilo de vida esclavizante a cambio de una falsa sensación de estabilidad y protección. No en vano, «llevar una vida segura» es un oxímoron. Es decir, una contradicción en sí misma. Principalmente porque es imposible saber lo que nos va a ocurrir mañana, y mucho menos tener garantías absolutas de que nuestro «plan existencial» va a desarrollarse tal y como lo hemos diseñado.

MIEDO A LA LIBERTAD

«Solo vencen el miedo aquellos que
se atreven a escuchar a su corazón»
(Martin Luther King)

Por más que nos resistamos a verlo, comprenderlo y aceptarlo, la búsqueda de seguridad externa es, en esencia, una batalla de antemano perdida. Es como si pretendiéramos vivir eternamente, creando una infinita reserva de oxígeno dejando de respirar. Por medio de esta conducta tan irracional lo único que conseguiríamos sería asfixiarnos. Lo mismo nos ocurre cuando nos esforzamos en encerrar el misterio de la vida -cuyo devenir es absolutamente imprevisible e inseguro- dentro de una caja de certezas.

Lo cierto es que la palabra «seguridad» tiene como raíz etimológica el vocablo latino securitas, que significa «sin temor ni preocupación». Es decir, que la verdadera seguridad no está relacionada con nuestras circunstancias externas, las cuales están regidas por leyes naturales que nos son imposibles de gobernar y controlar. Se trata, más bien, de un estado emocional interno que nos permite vivir sin miedo, liberándonos de la obsesión por pensar en potenciales amenazas y peligros futuros.

En el fondo, todas las decisiones personales, familiares y profesionales que tomamos para gozar de mayor seguridad revelan una verdad muy incómoda: muchos de nosotros no somos (ni queremos ser) responsables ni dueños de nuestra vida. Esencialmente porque tenemos muchísimo miedo a la libertad, pues esta implica abrazar la incertidumbre y la inseguridad inherentes a la existencia.

Para trascender la inseguridad y el miedo es importante que redefinamos conscientemente cuáles son nuestros «valores». Es decir, «la brújula interior que nos permite tomar decisiones alineadas con nuestra verdadera esencia». Lo cierto es que cuando vivimos sin saber quiénes somos, qué es lo que valoramos y hacia dónde nos dirigimos, solemos funcionar con el piloto automático puesto, siguiendo los dictados de nuestro instinto de supervivencia emocional. Esta es la razón por la que muchos de nosotros tenemos la sensación de vagar por la vida como boyas a la deriva. Y es precisamente esta desorientación la que nos conecta, nuevamente, con nuestros temores, carencias e inseguridades.

En cambio, en la medida que nos conocemos a nosotros mismos y decidimos libre y voluntariamente qué nos importa en la vida, tarde o temprano encontramos el sentido que le queremos dar a nuestra existencia. Además, cuanto más sólidos son nuestros valores, más fácil nos es tomar decisiones que nos permitan dirigirnos en la dirección que hemos escogido. Gracias a esta seguridad interna, nos convertimos en nuestro propio faro. En este punto del camino cabe preguntarse: ¿qué decisiones y acciones hemos tomado últimamente que demuestran que confiamos en nosotros mismos y en la vida? Si nos atrevemos a seguir nuestra intuición, ¿qué es lo peor que puede pasarnos? Y en caso de que sucediera eso que tanto tememos, ¿qué podríamos aprender?

Con cada decisión que tomamos vamos entrenando los músculos de la confianza y la valentía. Así es como el miedo va desapareciendo de nuestro organismo. Y al confiar en nosotros mismos, finalmente comprendemos que la vida no suele darnos lo que queremos, pero siempre lo que necesitamos para aprender. Para verificar esta afirmación basta con echar un vistazo a nuestra historia personal. Si de verdad hemos entrenado el músculo de la responsabilidad, corroboramos que las experiencias que han formado parte de nuestro pasado han sido las que hemos necesitado para crecer y evolucionar. Es decir, para convertirnos en el ser humano que somos en el momento presente.

TENER FE EN LA VIDA

«La confianza surge de forma natural
cuando descubres
el propósito de tu vida»
(Joan Antoni Melé)

La confianza también nos permite, finalmente, abrazar la inseguridad inherente a la existencia, cultivando así una relación de amistad con la vida. Más que nada porque la única certeza que tenemos es que la incertidumbre solo desaparece con nuestra muerte. Y que hasta que ese día llegue estamos condenados a tomar decisiones. Dado que no podemos prever lo que va a sucedernos mañana, el reto consiste en girar 180 grados nuestro foco de atención, aprendiendo a confiar en nuestra capacidad de dar respuesta a las diferentes situaciones que vayan surgiendo por el camino.

Como consecuencia directa de esta confianza vital, empezamos a «tener fe en la vida». Y esta no tiene nada que ver con ninguna creencia religiosa. Se trata más bien de «intuir que en el futuro va a seguir sucediéndonos exactamente lo que necesitamos para seguir evolucionando y madurando como seres humanos». De esta manera, comenzamos a ver e interpretar nuestras circunstancias de una forma más optimista, constructiva y eficiente. E incluso a salir de nuestra zona de comodidad, arriesgándonos a tomar decisiones y acciones que nos permitan seguir nuestro propio sendero. Así, gracias a la confianza podemos ser libres. Y la libertad nos brinda la oportunidad de ser auténticos, siendo fieles a nuestra intuición. Además, si no confiamos en nosotros mismos, ¿quién va a hacerlo? Si no tenemos fe en la vida, ¿quién sale perdiendo?

LA RAÍZ DEL MIEDO

En una ocasión se le pidió a un filósofo muy respetado que explicara cuál era el mayor obstáculo que un ser humano tenía que superar para vencer sus miedos: «El mayor obstáculo siempre es uno mismo». El filósofo aseguró que un perro se lo había enseñado: «Paseando por la orilla de un río vi a un perro que se moría de sed. El animal apenas se atrevía a acercarse al agua, pues cada vez que lo hacía confundía su propio reflejo con el de otro animal. Tenía tanto miedo a ser atacado que no paraba de ladrar y permanecía a metros de la orilla. Sin embargo, tal era su sed que finalmente se lanzó al agua. Y el otro perro, que era su obstáculo, desapareció. Y así fue como, al enfrentarse a su supuesto enemigo, aquel perro se venció a sí mismo.»

http://www.elpais.com/articulo/portada/Prisioneros/seguridad/elpepusoceps/20110410elpepspor_7/Tes

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Prisioneros de la seguridad

BORJA VILASECA 10/04/2011 (EL PAÍS.COM; El País semanal)

No se nos da bien convivir con la incertidumbre. Por eso tratamos de llevar una vida planificada y, en principio, carente de riesgo y segura. Es hora de entrenar los músculos de la confianza y el coraje.

Cuando vivimos influenciados por el modelo de pensamiento actual, la mayoría de seres humanos solemos compartir una misma aspiración: tener el control absoluto sobre nuestra existencia. En general, queremos que las cosas sean como deseamos y esperamos. Y al pretender que la realidad se adapte constantemente a nuestras necesidades y expectativas, solemos inquietarnos y frustrarnos cada vez que surgen imprevistos, contratiempos y adversidades.

«Si la seguridad externa es una ilusión,
nos estamos aferrando
a una vida esclavizante a cambio
de una falsa estabilidad «

«El reto es confiar en nuestra capacidad
de dar respuestas a
las diferentes situaciones
que vayan surgiendo por el camino «

De ahí que nos guste crear y preservar nuestra propia rutina, intentando, en la medida de lo posible, no salirnos del guión preestablecido. Estudiamos una carrera universitaria que nos garantice «salidas profesionales». Trabajamos para una empresa que nos haga un «contrato indefinido». Nos esposamos a una persona a través del «matrimonio».

Solicitamos una «hipoteca» al banco para comprar y tener un piso en «propiedad». Y más tarde, un «plan de pensiones» para no tener que preocuparnos cuando llegue el día de nuestra «jubilación». En definitiva, solemos seguir al pie de la letra todo lo que nos dice el sistema que hagamos para llevar una vida normal. Es decir, completamente planificada y, en principio, carente de riesgo y segura.

Así, con cada decisión que tomamos anhelamos tener la certeza de que se trata de la elección correcta, previniéndonos de cometer fallos y errores.

Sin embargo, este tipo de comportamiento pone de manifiesto que, en general, nos sentimos profundamente indefensos e inseguros. Y esto, a su vez, revela que no sabemos convivir con la incertidumbre que es inherente a nuestra existencia. Paradójicamente, si bien tratar de tener el control nos genera tensión, soltarlo nos produce todavía más ansiedad. De ahí que muchos estemos atrapados en esta disyuntiva que llega a ser desagradable.

LA SEGURIDAD ES UNA ILUSIÓN

«El cielo es azul,
el mar es salado y
la vida es incierta»
(Amado Nervo)

Cuanto más inseguros nos sentimos por dentro, más tiempo, dinero y energía invertimos en asegurar nuestras circunstancias externas, incluyendo, en primer lugar, nuestra propia supervivencia física. No en vano, la mayoría de nosotros siente un profundo temor a la muerte. Nos incomoda tanto saber que tarde o temprano vamos a morir que se ha convertido en un tema tabú para la sociedad. Aunque cada día fallezcan decenas de miles de personas en todo el mundo, simplemente negamos la posibilidad de que nos toque el turno, tanto a nosotros como a alguno de nuestros seres más cercanos y queridos.
Es interesante señalar que en muchas ocasiones experimentamos miedo sin ser amenazados por ningún peligro real e inminente. A esta actitud se la denomina «pre-ocupación». Eso sí, para justificar y mantener nuestro temor solemos inventarnos dichos escenarios conflictivos por medio de nuestro constante pesimismo. De esta manera, la inseguridad se ha convertido en uno de los cimientos psicológicos sobre los que hemos construido la sociedad contemporánea. De ahí que la «seguridad nacional» sea uno de los conceptos más utilizados por los dirigentes políticos. Estamos siendo testigos de cómo en el nombre de la seguridad se están recortando y reduciendo nuestros derechos y libertades. Y por más rimbombantes que sean las explicaciones oficiales, la ecuación es bien simple: cuanta más seguridad, más esclavitud.

El quid de la cuestión es que dado que la seguridad externa es una ilusión psicológica, nos estamos aferrando a un estilo de vida esclavizante a cambio de una falsa sensación de estabilidad y protección. No en vano, «llevar una vida segura» es un oxímoron. Es decir, una contradicción en sí misma. Principalmente porque es imposible saber lo que nos va a ocurrir mañana, y mucho menos tener garantías absolutas de que nuestro «plan existencial» va a desarrollarse tal y como lo hemos diseñado.

MIEDO A LA LIBERTAD

«Solo vencen el miedo aquellos que
se atreven a escuchar a su corazón»
(Martin Luther King)

Por más que nos resistamos a verlo, comprenderlo y aceptarlo, la búsqueda de seguridad externa es, en esencia, una batalla de antemano perdida. Es como si pretendiéramos vivir eternamente, creando una infinita reserva de oxígeno dejando de respirar. Por medio de esta conducta tan irracional lo único que conseguiríamos sería asfixiarnos. Lo mismo nos ocurre cuando nos esforzamos en encerrar el misterio de la vida -cuyo devenir es absolutamente imprevisible e inseguro- dentro de una caja de certezas.

Lo cierto es que la palabra «seguridad» tiene como raíz etimológica el vocablo latino securitas, que significa «sin temor ni preocupación». Es decir, que la verdadera seguridad no está relacionada con nuestras circunstancias externas, las cuales están regidas por leyes naturales que nos son imposibles de gobernar y controlar. Se trata, más bien, de un estado emocional interno que nos permite vivir sin miedo, liberándonos de la obsesión por pensar en potenciales amenazas y peligros futuros.

En el fondo, todas las decisiones personales, familiares y profesionales que tomamos para gozar de mayor seguridad revelan una verdad muy incómoda: muchos de nosotros no somos (ni queremos ser) responsables ni dueños de nuestra vida. Esencialmente porque tenemos muchísimo miedo a la libertad, pues esta implica abrazar la incertidumbre y la inseguridad inherentes a la existencia.

Para trascender la inseguridad y el miedo es importante que redefinamos conscientemente cuáles son nuestros «valores». Es decir, «la brújula interior que nos permite tomar decisiones alineadas con nuestra verdadera esencia». Lo cierto es que cuando vivimos sin saber quiénes somos, qué es lo que valoramos y hacia dónde nos dirigimos, solemos funcionar con el piloto automático puesto, siguiendo los dictados de nuestro instinto de supervivencia emocional. Esta es la razón por la que muchos de nosotros tenemos la sensación de vagar por la vida como boyas a la deriva. Y es precisamente esta desorientación la que nos conecta, nuevamente, con nuestros temores, carencias e inseguridades.

En cambio, en la medida que nos conocemos a nosotros mismos y decidimos libre y voluntariamente qué nos importa en la vida, tarde o temprano encontramos el sentido que le queremos dar a nuestra existencia. Además, cuanto más sólidos son nuestros valores, más fácil nos es tomar decisiones que nos permitan dirigirnos en la dirección que hemos escogido. Gracias a esta seguridad interna, nos convertimos en nuestro propio faro. En este punto del camino cabe preguntarse: ¿qué decisiones y acciones hemos tomado últimamente que demuestran que confiamos en nosotros mismos y en la vida? Si nos atrevemos a seguir nuestra intuición, ¿qué es lo peor que puede pasarnos? Y en caso de que sucediera eso que tanto tememos, ¿qué podríamos aprender?

Con cada decisión que tomamos vamos entrenando los músculos de la confianza y la valentía. Así es como el miedo va desapareciendo de nuestro organismo. Y al confiar en nosotros mismos, finalmente comprendemos que la vida no suele darnos lo que queremos, pero siempre lo que necesitamos para aprender. Para verificar esta afirmación basta con echar un vistazo a nuestra historia personal. Si de verdad hemos entrenado el músculo de la responsabilidad, corroboramos que las experiencias que han formado parte de nuestro pasado han sido las que hemos necesitado para crecer y evolucionar. Es decir, para convertirnos en el ser humano que somos en el momento presente.

TENER FE EN LA VIDA

«La confianza surge de forma natural
cuando descubres
el propósito de tu vida»
(Joan Antoni Melé)

La confianza también nos permite, finalmente, abrazar la inseguridad inherente a la existencia, cultivando así una relación de amistad con la vida. Más que nada porque la única certeza que tenemos es que la incertidumbre solo desaparece con nuestra muerte. Y que hasta que ese día llegue estamos condenados a tomar decisiones. Dado que no podemos prever lo que va a sucedernos mañana, el reto consiste en girar 180 grados nuestro foco de atención, aprendiendo a confiar en nuestra capacidad de dar respuesta a las diferentes situaciones que vayan surgiendo por el camino.

Como consecuencia directa de esta confianza vital, empezamos a «tener fe en la vida». Y esta no tiene nada que ver con ninguna creencia religiosa. Se trata más bien de «intuir que en el futuro va a seguir sucediéndonos exactamente lo que necesitamos para seguir evolucionando y madurando como seres humanos». De esta manera, comenzamos a ver e interpretar nuestras circunstancias de una forma más optimista, constructiva y eficiente. E incluso a salir de nuestra zona de comodidad, arriesgándonos a tomar decisiones y acciones que nos permitan seguir nuestro propio sendero. Así, gracias a la confianza podemos ser libres. Y la libertad nos brinda la oportunidad de ser auténticos, siendo fieles a nuestra intuición. Además, si no confiamos en nosotros mismos, ¿quién va a hacerlo? Si no tenemos fe en la vida, ¿quién sale perdiendo?

LA RAÍZ DEL MIEDO

En una ocasión se le pidió a un filósofo muy respetado que explicara cuál era el mayor obstáculo que un ser humano tenía que superar para vencer sus miedos: «El mayor obstáculo siempre es uno mismo». El filósofo aseguró que un perro se lo había enseñado: «Paseando por la orilla de un río vi a un perro que se moría de sed. El animal apenas se atrevía a acercarse al agua, pues cada vez que lo hacía confundía su propio reflejo con el de otro animal. Tenía tanto miedo a ser atacado que no paraba de ladrar y permanecía a metros de la orilla. Sin embargo, tal era su sed que finalmente se lanzó al agua. Y el otro perro, que era su obstáculo, desapareció. Y así fue como, al enfrentarse a su supuesto enemigo, aquel perro se venció a sí mismo.»

http://www.elpais.com/articulo/portada/Prisioneros/seguridad/elpepusoceps/20110410elpepspor_7/Tes

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